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Oxigenoterapia: introducción.

La oxigenoterapia es un tratamiento que consiste en la administración de oxígeno en concentraciones mayores a las que se encuentran en el aire, con el fin de prevenir o tratar la falta de oxígeno (hipoxia). 


Es un tratamiento pautado por el médico pero, el personal de enfermería está capacitado para valorar si un paciente necesita o no este tratamiento. 

Una vez pautada la oxigenoterapia, hay que determinar a partir de qué fuente de oxígeno y a través de qué equipo se administrará a cada paciente. La elección va a depender del flujo que precise el paciente, de si es un ámbito hospitalario o domiciliario, de la actividad física, etc.

La fuente de oxígeno puede ser: 



  • Central de oxígeno: Es el método más habitual de los hospitales. El gas se encuentra comprimido en un tanque o depósito fuera de las dependencias hospitalarias y se comunican a través de tuberías.  
  • Botella o bombona de oxígeno: se trata de cilindros de acero que contienen gas comprimido a altas presiones. Un inconveniente que tienen es la necesidad frecuente de cambio de la bombona y que son voluminosas y de gran peso.
  • Cocentradores de oxígeno: Se trata de un dispositivo electrónico que separa el oxígeno de los demás componentes del aire. Existen también concentradores portátiles que pueden recargarse en cualquier toma de corriente. 
  • Oxígeno liquido: en este tipo del almacenamiento se procede al enfriamiento del gas de oxígeno, volviéndose líquido y ocupando así un menor espacio. 
El oxígeno que se administra debe ser humidificado previamente, para que no se reseque la vía aérea. Este proceso se realiza en el humificador, que se trata de un recipiente al que se le introduce agua destilada hasta aproximadamente 2/3 de su capacidad. 






Para la administración de oxígeno existen diferentes dispositivos que veremos en entradas posteriores.

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