Como ya vimos en entradas anteriores la insulina es una hormona producida por el páncreas que contribuye a regular los niveles de glucosa en sangre. Es decir, la insulina actúa como una llave para permitir que la glucosa acceda a las células. Si la glucosa no puede entrar a las células se acumula en la sangre.
Nuestro páncreas produce insulina de dos formas:
- Por un lado, de forma lenta y continua; ayudando a que los niveles de glucosa se mantengan siempre estables.
- Por otro lado, rápida; cuando la glucosa en sangre se encuentra elevada después de las comidas.
En el caso de las personas diabéticas esto no ocurre de forma natural. La diabetes es un fallo funcional que provoca un aumento de glucosa en sangre, derivado de una falta de producción de insulina por el cuerpo o por una producción inadecuada de dicha hormona.
Por lo tanto, en estos casos la insulina debe ser administrada de forma artificial.
Existen diferentes tipos de insulina, según el tipo; variará el tiempo de inicio para empezar a tener efecto:
- Insulina de acción rápida: se absorbe de forma rápida desde el tejido adiposo (subcutáneo) en el torrente sanguíneo. Se utiliza para controlar la glucosa durante la ingesta de alimentos o bebidas.
- Insulina de acción corta: son de acción breve, tardan más tiempo en hacer efecto.
- Insulina de acción intermedia: esta insulina se absorbe mas lentamente prolongando su duración. Se utilizan principalmente para controlar la glucosa en sangre durante la noche y entre comidas.
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